Me educaron en la mentalidad nómada, en casa se repetía de forma chistosa, el cuento del pajarito que los padres empujan poco a poco, suave y firmemente ¡fuera del nido!.
Cuando aterricé en Barcelona, ya había estado viviendo fuera del famoso nido e incluso de mi país de origen. Pero no había experimentado la sensación de arraigo, las ganas de pertenecer a un lugar en concreto, hasta ese primer día en la ciudad Condal. Paseando desde Sarria por la Bonanova, bajé Balmes hasta Plaza Catalunya y en un momento dado, de forma mágica, estaba tan ilusionada como perdida, en el barrio Gótico.
Fue hace más de 20 años, desde entonces me he movido en varias ocasiones fuera de España. Sin embargo, cada vez vuelvo adonde considero mi casa. El día que hice esta foto, las grúas parecían estar hablando con toda la ciudad, diciendo HOGAR.


